Mantener los cristales en buen estado no solo mejora la imagen de cualquier espacio, también aporta más luz y sensación de amplitud. Desde Limpiezas Iris queremos compartir un consejo sencillo y eficaz para lograr un acabado perfecto.
Para una limpieza diaria, mezcla agua templada con un chorro de vinagre o unas gotas de jabón neutro. Rocía la superficie y retira el exceso con una bayeta de microfibra o, si buscas un acabado profesional, utiliza una rasqueta de goma. El truco está en secar siempre de arriba hacia abajo y evitar hacerlo a pleno sol, ya que provoca marcas y reflejos difíciles de eliminar.
Con este pequeño hábito, tus cristales lucirán siempre claros, sin huellas y con un brillo impecable.
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