Mantener los suelos limpios y en perfecto estado no solo mejora la estética de cualquier espacio, sino que también contribuye a la higiene y a la durabilidad de las superficies. Ya sean de cerámica, mármol, madera o gres, cada tipo de suelo requiere cuidados específicos para conservar su brillo y resistencia.
El primer paso siempre es eliminar el polvo y la suciedad superficial. Barre o aspira toda la zona para evitar que partículas abrasivas rayen la superficie durante el fregado. A continuación, prepara agua templada con un producto de limpieza adecuado al tipo de suelo: un jabón neutro suave para madera, un detergente específico para cerámica o un limpiador delicado para mármol.
Durante el fregado, utiliza un paño o fregona bien escurrida para evitar exceso de humedad, especialmente en suelos de madera, ya que el agua en exceso puede dañarlos con el tiempo. Para un acabado brillante extra en suelos de cerámica o gres, añade unas gotas de vinagre al agua de limpieza; este pequeño truco ayuda a realzar el brillo natural y a eliminar residuos de jabón o cal.
Finalmente, seca el suelo con un paño limpio o deja que se seque al aire asegurándote de que no queden charcos. Con esta rutina periódica, tus suelos lucirán como nuevos, prolongarás su vida útil y crearás un ambiente más limpio, agradable y saludable en tu hogar o negocio.
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